Los zapatos de novia que eligió mi abuela

Margarita se casó de negro y con una enorme y preciosa sonrisa en sus labios. Llevaba un traje de chaqueta que ya no recuerda dónde guardó y una camisa blanca con una lazada en el cuello. En el pelo, un tocado de plumas precioso que después guardó en una caja y regaló a su nieta, años más tarde. En los pies, unos zapatos negros de tacón que cerraban con una hebilla plateada. Ella hubiera preferido un vestido blanco, largo y sedoso, con unos zapatos plateados de tacón con una hebilla brillante. Pero no pudo ser. Eran tiempos de negro y alegría a medias. Eran otros tiempos. Aún así, ella sabía que lo más importante lo llevaba cogido de su mano: su marido. Con él recorrió los pasos que la llevaron al altar y con él, también, vivió una larga vida llena de hijos, nietos y felicidad. No obstante, guardó en su mente aquellos zapatos imaginarios para ofrecérselos a sus nietas.

Y así fue. Un día, casi setenta años después, Margarita paró su silla de ruedas delante de un escaparate. Allí estaban. Esperándola. Los zapatos plateados con hebilla brillante. Ella los imaginó y ellos la esperaron más de medio siglo. No podía ponérselos, pero me los guardó a mi. Ella eligió mis zapatos de novia, esos que tanto os gustaron en mi boda y que llevé desde el principio y hasta el final del día, sin bajarme tan sólo un segundo. Tenían poderes. Los suyos. Ese fue mi secreto. El nuestro.

Una Caja de Botones

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Mi abuela eligió mis zapatos de novia. Plateados, con plataforma, cogidos al tobillo con una tira forrada de purpurina, una hebilla brillante y unos pétalos que recubrían la parte de los talones. Más de ocho centímetros de tacón me separaban del suelo, sumados a los que añades si, como yo, ese día flotas de ilusión. Aún así, no superé la altura de mi chico, por suerte 🙂

Nunca le dije que no quería unos zapatos blancos, pero ella lo intuyó. Tendríais que oirla decir orgullosa que esos zapatos “te los elegí yo, tengo 95 años pero conservo el buen gusto del primer día”. Después me los volví a poner en otra boda, pero los super poderes sólo valían para la mía, así que para bailar me los tuve que quitar porque me dolían los pies. Son fenómenos difíciles de explicar, la verdad.

Ahora, dos meses después, pienso que nunca pateé zapaterías en busca del modelo perfecto. Soy una persona muy práctica, la verdad, pero creo que aunque lo hiciera acabaría eligiendo los mismos. No obstante, me encanta mirar Pinterest y guardar los que me parecen preciosos para cualquier novia. Quizá para otra vida. Comparto con vosotras mi selección de zapatos para novia. Quién sabe si también podéis encontrar entre ellos los vuestros, como hice yo con los míos. O quizá os inspiren… quién sabe…

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Mi boda en la Toscana de Valencia

Todo llega y aquí estoy, enfrente de un folio en blanco para emprender una de las tareas más difíciles que he tenido hasta el momento: escribir el post sobre mi propia boda. Mi boda en la Toscana de Valencia, como algunos la han bautizado ya, cosa que me hace muy feliz. Ahora os lo explicaré.

Sabía que llegaría el momento, pero en el fondo no quería… Si estáis leyendo esto y os habéis casado me entenderéis a la perfección. El día que tu novio te pide matrimonio, o al revés quién sabe 😉 y te pones a elegir una fecha, te parece que el día de tu boda es el más lejano de tu vida. Pero amigas… todo llega y todo pasa. Después, los recuerdos bonitos y las fotos te muestran que no te tenías que preocupar tanto, porque todo salió a la perfección. Tu perfección. La vuestra.

Para empezar os diré que la Toscana de Valencia no existe, pero Saúl y yo la recreamos en nuestra mente. Imaginamos el escenario de nuestra boda mucho antes de que se produjera. Pero no llegamos a él enseguida, sino después de recorrer muchísimos otros lugares y no encontrar aquel que reflejase a la perfección quiénes y cómo somos. En el fondo sabíamos que elegiríamos La Galiana Golf (Carcaixent) para celebrarla, pero al principio nos resistimos porque había que montar el “sarao” desde cero. Mesas, sillas, toldos, flores, catering… os confieso que sentimos pánico al principio, pero es que la cosa caía por su propio peso. Tenía que ser allí. Mi chico es del norte más alto de España y gran parte de mi familia es de Castilla La Vieja, la de toda la vida. Comprenderéis entonces que una alquería o una huerta no era nuestro escenario ideal. Queríamos un lugar que reflejase nuestra personalidad y que, además, provocase en nuestros invitados la misma sensación de asombro que nosotros tuvimos la primera vez que llegamos allí ¡Y lo conseguimos! Queríamos compartir con ellos no sólo nuestro día, sino también nuestro lugar en el mundo. Contempladlo y llegaréis a la misma conclusión.

La Galiana

El resto vino de la mano de unos aliados estupendos:

  • El Taller de Clo al frente de la decoración floral. Enseguida comprobaréis que la locura del taller de Claudia y Jorge es lo mejor que nos pudo pasar. Son energía y creatividad pura. Si sois capaces de poneros en sus manos dejándolos trabajar a su aire, viviréis la recompensa en forma de perfección. Sólo les dijimos que nuestros colores eran el rosa, el verde y el blanco… ellos pusieron lo demás.
  • Firex Stands, con Ginés a la cabeza. Una persona que es capaz de ilusionarse contigo y con tu idea hasta el infinito. Su empresa se encargó de poner sombras a una explanada donde se podía freír un huevo en el suelo, del calor tan intenso que hacía. Ginés fue el primero que, al llegar a la explanada que se convirtió en el escenario de la comida, en lugar de ver el parking que en realidad es, vio un lugar privilegiado. Así nos lo dijo… “lo veo, las mesas irán aquí y vosotros allá, con todas las montañas al fondo. Va a quedar espectacular”. No se confundió lo más mínimo. Fue realmente genial.
  • Sala Rex, los encargados del catering y de todas las cosas ricas que comimos ese día. Fausto fue algo más que un maestro de ceremonias. Nos guió, nos aconsejó y nos habló en cristiano de un menú sencillo y muy bien elaborado. Nosotros tan sólo teníamos una petición, que el solomillo estuviera tierno… y creo que ¡lo conseguimos!
  • Susana Gavilá Design, y todo el diseño y creatividad de la boda. No hay otra loca con tanto talento como ella. Susana captó nuestra idea de tarjetón para la boda, meseros, “sitting”, pegatinas, pai-pais, kleenex personalizados… y un largo etcétera que no acabaría nunca. Tiene tantas ideas que, si os fijáis bien y la miráis cuando ella no se da cuenta, le llegan a asomar por encima del cogote. Su, el bautizo también lo haremos contigo 😉
  • Nerea Coll Photography. Qué queréis que os diga. Esta loca bajita me tiene totalmente enamorada con sus fotos. Ya la teníamos fichada para la tienda y en cuanto veáis las instantáneas que tomó el día de la boda…sobrarán mis comentarios. Además, cuando tiene mucho trabajo se lleva consigo a un equipazo espectacular. Se sintieron tan a gusto que acabaron bailando salsa a las 12 de la noche en pleno centro de la pista ¡Brutales!
  • Majose’s. Mi querida amiga María José ¡quién no la conoce! Una pionera en los dulces americanos, cuando todos andábamos aún por la tarta San Marcos… Es curranta y generosa, y nos preparó una mesa dulce nupcial con todo detalle. Desde horchata, pasando por limonada, helados, gominolas, macedonia, chucherías de todo tipo, cupcakes de mojito y red velvet. Todo decorado para el momento. Es totalmente genial.
  • Un Paseo por las Nubes. Mi amigo Miguel Ángel fue el encargado de vestir a las pequeñas damitas con un acertadísimo estilo boho chic. Como a él le gusta decir “fuera rasos, fuera brillos y elementos recargados ¡que triunfe la sencillez!”. Y así fue. En realidad no tuve que decirle nada. Él se encargó de todo. Tiene mucho ojo para captar el aire de cada evento. Ponerse en sus manos es practicar el generoso y sano ejercicio de “delegar”, cosa que no suelo hacer mucho. En este caso me dejé llevar y acerté. Con él siempre estás a salvo y te garantizas el estilo y la perfección.
  • Ana Ausín Joyas. La artífice de los aros que llevaremos siempre en nuestros dedos para recordar nuestro compromiso. Queríamos algo sencillo, bonito, discreto y clásico. Ella supo captar desde el principio nuestra idea, como siempre, con un gusto exquisito y un trato inmejorable ¡Gracias Ana! Mi anillo de compromiso es precioso, pero el de boda es una pasada 🙂
  • Marta Benet. La dejo para el final porque quiero dedicarle unas líneas muy especiales y seguro que no tendré palabras suficientes para ella. Es tan joven y tiene tanto talento, que no podía ser otra la que confeccionara el vestido más importante de mi vida: mi vestido de novia. Inspirado en el traje de novia de mi madre, del que siempre he estado enamorada, ella supo darle el toque Benet a la perfección. Era sencillo y elegante y, como ella siempre dice, fue creciendo y evolucionando conmigo ¡Gracias Marta! Acuérdate de mi cuando triunfes como Coco Chanel <3

Hay tantos detalles que me dejo y que querría comentaros… pero este post no tendría fin, y tampoco es cuestión de daros la brasa tan a fondo. Comparto con vosotr@s todo lo bueno de aquel día por si puede inspiraros en la organización de vuestra boda. Pero a pesar de querer que todo sea perfecto, recordad que lo más importante es ser feliz. Yo, a estas alturas, sólo puedo decir una cosa: fui la persona más feliz porque elegí al mejor hombre del mundo para pasar toda mi vida a su lado. Seguro que se me hará corta. Un beso, lind@s!

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Susana Gavilá

Nerea Coll Photography

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Un Paseo por las Nubes

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La boda de la chica de los labios rojos y el chico de Cádiz

El día que conocí a Irene llevaba los labios pintados de rojo y me esperaba en una cafetería a la que, para variar, llegué cinco minutos tarde. Una amiga común le dio mi teléfono porque pensó que teníamos muchas afinidades, entre ellas la pasión por la moda. Ella, la chica de los labios rojos, me contó que su novio vivía en Cádiz, pero que un día se vendría a vivir a Valencia porque ella no se imaginaba viviendo lejos de la tierra de la luz. Ella, que tenía y tiene una mirada profunda y unas pestañas con las que te podría abanicar si quisiera, se iba a convertir, sin yo saberlo, en una pieza fundamental en mi vida.

A él, Ángel, el chico de Cádiz perfectamente peinado, lo conocí más tarde, cuando sentía nostalgia de su tierra dejada atrás. Montamos una cena de amigos para hacerle sentir como en casa, cuando en realidad el pobre lo que quería era salir corriendo. Le debimos caer bien, porque la chica de los labios pintados de rojo y el chico de Cádiz perfectamente peinado se casaron el sábado pasado con una sonrisa de oreja a oreja y una felicidad que no les cabía en el cuerpo. Y lo hicieron en la iglesia de los Dominicos de Valencia, donde él ha decidido quedarse para siempre con ella.

Y fue una fiesta tan bonita…que aunque yo trate de contaros los detalles, no llegaré a haceros sentir lo que ellos nos transmitieron. Ella, que es la perfección y el detalle hecho persona, se desvivió por regalarnos una noche romántica. Y él, que es todo gracia y salero, la cogió de la mano y nos regaló su corazón tan grande que no le cabe en el pecho.

Irene apareció preciosa en la iglesia del brazo de su padre, pasadas las seis de la tarde. Enfundada en un diseño exclusivo de Guillermo del Mar, que también asistió a la boda y que estaba hecho un manojo de nervios. Irene llevaba el vestido de sus sueños, que además la dejaba ser tal y como es ella, natural y sencilla. Era la primera novia para Guillermo, pero estoy totalmente convencida de que no será la última.

El cortejo de niñas, también con diseños de Guillermo del Mar, fue un acierto. Vestidos sencillos en tul plumeti, fajines en un color cobrizo, coronas de flores y unos cestos con paniculata que daban un toque campestre a las pequeñas.

El novio estaba guapísimo con su chaquet azul marino de Scalpers, acompañado por su madre y madrina.

Después de una ceremonia sencilla y llena de detalles, “regamos” literalmente de arroz y confeti a los novios, que se subieron en un coche antiguo para llegar a La Cartuja de Ara Christi. Confieso, con algo de vergüenza, que no conocía el lugar, por lo que mi sorpresa fue aún mayor. Qué escenario y qué bien lo decoraron. Desde el principio y hasta el final, como bien le gusta decir a Irene, aquello fue un cuento de hadas. El atardecer de un día cálido, el recibimiento de los novios, que estuvieron en todo momento por y para sus invitados, y la maravillosa luz de las velas convirtieron la velada en una de las más románticas que recuerdo.

El seating estaba formado por preciosas estampas de Valencia y de Cádiz, de hecho las mesas recibían nombres de los lugares más bonitos que han visto crecer su relación. Nosotras estábamos sentadas nada más y nada menos que en el Mercado de Colón, donde tantas veces hemos tomado una cañita o una copita.

Para acabar, y después de la cena en uno de sus claustros y un castillo de fuegos artificiales, llegamos a través de la iglesia de la cartuja al claustro al aire libre donde bailamos como locos bajo las bombillas verbeneras, un caprichito de nuestra Terol del alma.

Sí, fue una fiesta llena de detalles, alpargatas, abanicos, pañuelos bordados a mano y mensajes bonitos para los invitados ¡Qué maravilla Irene y Ángel! Seguramente habíais imaginado que podía ser así de bonito, pero yo os digo que la realidad superó las expectativas. Gracias chicos, por un día perfecto.

¡Ah! y gracias a mi reportera gráfica particular (no sé qué hubiera sido de este post sin tu cámara Irene BM Diario de Una Peineta) y a mi asistente de eventos, Natalia Molins. Chicas, sois un equipo espectacular. A por la siguiente boda…si conseguimos sobrevivir 😉

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Mi showcooking en Catering Cinco

Reconozco que nunca me han gustado las despedidas de soltera tradicionales. Llevo algunas a mis espaldas y, respetando aquellas más movidas, sonoras y juerguistas a las que he asistido, yo prefería algo un poco más tranquilo para mi. Dirán que soy una sosa, y es muy posible que sea verdad, pero…como a cada uno le gusta una cosa, yo verbalicé en voz alta que, si alguna vez tenía que protagonizar una despedida de soltera, prefería relajarme en un spa o hacer algo muy diferente a lo habitual (que cada una interprete esta frase a su manera). Así que mi hermana se puso las pilas y me llevó a un lugar muy especial. Quiero reconocer públicamente desde aquí al comité organizador de mi fiesta de adiós a la soltería que acertó de pleno. Mi showcooking en Catering Cinco fue una auténtica pasada.

¿Y qué es Catering Cinco? Como ellas mismas dicen en su página web, es una empresa tradicional y familiar que nació hace 20 años fruto del ingenio de Carmen Noguera. Ella se inventó un lugar especial donde la cocina fuera más allá de la cocina, y donde la genialidad a los fogones fuera una seña de identidad. Hoy lo han conseguido y, además de encargarse del catering de todo tipo de eventos, esta temporada han dado un paso más y se han adentrado en el arte del showcooking, o lo que es lo mismo en castellano antiguo: enseñar a cocinar a otros en sus maravillosas instalaciones, mandil en ristre. Una maravilla, señoras y señores.

Que quede claro a la audiencia que yo no soy ningún as en el arte de la gastronomía. Es más, tiraré piedras en mi propio tejado diciendo que en mi casa el delantal lo lleva mi chico. A mi se me tiene que buscar para una ensalada, pero lo que es la cocción, la fritura, la plancha y lo elaborado es mérito de mi futuro marido, las cosas como son.

Partiendo de esta base será más fácil entender lo bien que lo pasamos el día en el que mi querida hermana entró en mi casa rodeada de mis amigas y me llevó engañada a un piso espectacular en pleno centro de Valencia. “No puede ser una fiesta privada”, pensé yo, porque era la una y media del mediodía y porque, al llevarme engañada diciéndome que íbamos a la playa, llevaba unas pintas de “guiri” dignas de ver. Me ahorraré las fotos para evitarles el disgusto a aquellas que piensan que siempre voy ideal vestida… chanclas piscineras, bikini playero a gogó, pelo recogido malamente y, gracias a Dios, me dejé el sombrero de paja en el coche porque tuvieron piedad de mí (válgame el cielo). De esta guisa me abrió las puertas del paraíso gastronómico Patricia, nuestra guía en la cocina durante todo el showcooking. Ahí estaba el cartel: habíamos entrado en el Taller de Cocina de Catering Cinco. Atent@s al menú que preparamos:

    • Crostini de polenta con mozzarella, porcini, tomate y albahaca.
    • Bolitas de patata y bacon crujiente.
    • Pasta fresca con setas y foie con reducción de balsámico.
    • Vasito de yogurt griego con coulis de mango y especias.

¡Lo pasamos tan requetebién! Fue una experiencia maravillosa que os recomiendo de corazón, y no sólo para una despedida de soltera, sino para cualquier jornada de convivencia con amig@s. No hay nada que un par de horas de cocina no arregle. Jugamos a saber cocinar de verdad, a pesar de lo difícil que parecía todo al principio. Hicimos dos equipos y nos complementamos a la perfección. Conversaciones, risas, alguna que otra quemadura fugaz y, sobre todo, la sorpresa de ver los platos hechos y la satisfacción de comer, al final, todo lo que has cocinado con tanta ilusión ¡y que además estaba buenísimo! Gracias a Patri por ponerlo tan fácil y evitar algún que otro desastre culinario 😉 Pero sobre todo gracias a mi hermana y a mi equipo de “masterchefs”. Sois unas campeonas. Y ahora, si hay narices, a repetir las recetas en casa 😉 .

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La Gran Boda Rumana que me devolvió la sonrisa

A veces la vida “te pega un viaje”. Viene corriendo, coge carrerilla (¡qué jodía es a veces!), y te pega un empujón que se lleva por delante tus ilusiones más próximas. No se apuren. No suele durar mucho. Más bien dura lo que nos cuesta levantar la mirada, mirar al frente y decir… ahora la carrerilla la cojo yo. Hace poco me encontré en uno de esos momentos. Digamos que “el viaje” me lo veía venir, pero no por eso me ahorré el golpetazo. Y fue duro, vaya que lo fue. No obstante, siempre hay algo que compensa y equilibra la balanza de la vida. Entonces, miré el calendario y recordé que tenía una cita ineludible que me devolvería la sonrisa y los grandes momentos con la gente que quiero. Estaba a punto de celebrarse La Gran Boda Rumana.

Déjenme que me explique, quitándole un poco de poesía a mi escritura…

Tengo un primo muy simpático que un día se fue a vivir a Bucarest por trabajo. No era una estancia de dos días, la verdad, así que la parte femenina de la familia, que suele ser (con perdón) la que más olfato tiene para estas cosas, lo tenía totalmente claro: este vuelve con novia de Rumanía. Y así fue. Discúlpenme si les digo que a las mujeres no nos gana nadie con eso de “olernos cosas”, pero es que es verdad, y además son muchos años ya de intuición. El caso es que mi primo conoció a la que hoy es su mujer en una tierra bastante lejana y distinta a la nuestra. Ese no fue un problema. Imagínense cómo es la cosa, que hasta mi abuela de 95 años tiene iPad y sabe usar perfectamente el Skype. Consecuencias de tener 11 nietos y 7 bisnietos repartidos por toda la geografía española y parte del extranjero.

Hace poco mi primo nos dijo “¡Me caso! ¡En Bucarest!“. Él, adicto a la soltería y viajero empedernido, había decidido sentar la cabeza con su novia, a la que conoció en Rumanía. ¿Que si me sorprendió? No se crean… después de una boda en Brasil y otra al más puro estilo castellano en plena estepa palentina, a mi ya no me sorprende nada ¡qué quieren que les diga!

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Y mientras todo esto pasaba, mi vida laboral se debatía entre nuevos escenarios, nuevos frentes y una inestabilidad tremenda. A veces la vida te sacude así para decirte… “Pssssssss, oye, que te estás acomodando y se te está poniendo el culo gordo, darling. Es el momento de que vueles de nuevo”. Que la vida decida así por ti es, en ocasiones, algo molesto. Ella llega toda ufana y no te pregunta si te viene bien o mal, sencillamente te mueve la silla y te dice que te busques la vida. Para compensarte por la patada en el culo, te regala momentos inolvidables, sonrisas y fotos para siempre. Eso es lo que me ha regalado a mi estos cuatro últimos días, en los que he estado en Bucarest de boda 🙂 Es, sin duda, La Boda Rumana que me devolvió la sonrisa. Fíjense cómo será, que hasta me ha regalado una foto que miraré mil millones de veces a partir de ahora: La Foto de Vogue que no planeamos, y donde están casi todas las mujeres fuertes de mi familia. Como diría aquel: no están todas las que son, pero sí son todas las que están. ¡Feliz semana querid@s! ¡Y muchas sonrisas!

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Al lugar donde has sido feliz siempre deberías tratar de volver

Dice la canción de Joaquín Sabina “Peces de ciudad” que al lugar donde has sido feliz “no deberías tratar de volver”. Pero yo no estoy de acuerdo. Creo profundamente que al lugar donde hemos sido felices siempre deberíamos tratar de volver para encontrarnos con nosotros mismos, con los recuerdos, los olores, las imágenes y los momentos que más sonrisas consiguieron sacarnos un día.

Hace un par de semanas viví una sensación maravillosa. Volví, sin querer, a un lugar donde fui inmensamente feliz una vez. Y fue sin querer porque me planté allí buscando otro lugar pero, sin darme cuenta, aparecí en él. Probablemente yo no sabía que acabaría allí, pero estoy segura de que el destino tenía muy claro que yo debía estar en ese lugar y en ese momento. Fue un instante mágico, a pesar de que el sitio que yo recordaba ya no existía. Sin embargo, los recuerdos estaban allí, esperándome. Os cuento…

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Un par de sábados atrás mi padre y yo salimos de la ciudad camino del pueblo donde él nació para visitar a unos familiares. Después de cumplir nuestra misión, mi padre me dijo: “Vamos a acercarnos calle arriba, porque creo que son las fiestas de la Virgen y seguro que las calles están adornadas”. Total, que yo que siempre voy fatal de tiempo pensé… “déjalo, que está en su pueblo y tiene ganas de marear un rato”, pero lo dije pensando con angustia en los seis millones de cosas que tenía que hacer nada más llegar a casa. Con las mismas, y todo dispuesto, empezó a callejear con el coche por unas vías que se hicieron antes que los vehículos, así que imagináos… no lijábamos las esquinas de puro milagro. Subió y subió hasta una calle de la que, como él mismo dijo, no sabía ni cómo salir. Esas calles no estaban en el mapa la última vez que estuve allí. Entonces había un descampado y una cuesta alta llena de hierbajos, ahora había muchas viviendas de varias alturas. Realmente, no sabía ni dónde estábamos pero… al doblar la esquina a la derecha todo se iluminó ¡Ya está! Él dijo ¿te suena este lugar? Y sí, me sonaba, claro que sí.

De repente, un bloque de viviendas de tres alturas, unas cocheras pintadas de gris claro y una calle sin salida con ventanales desde donde tantas veces había escuchado el sonido de las teles de los vecinos. Sí, allí estaba el piso donde vivía mi yaya.

¿Sabéis? Ella tuvo una tienda en su día. Un lugar en el que se vendía de todo un poco y que, tras cerrar al jubilarse, se trasladó a la cochera que tenía debajo de casa. En lugar de ser una tienda, aquella cochera pasó a ser un almacén de todas las cosas que un día ocuparon sus estanterías y que, cuando cerró, se quedaron sin vender. Imaginad lo que aquello era para mi hermana y para mi… cuando íbamos a su casa a quedarnos un largo fin de semana, siempre le pedíamos pasar las tardes con la persiana de aquella cochera abierta. Ella, María, sacaba su silla al porche y mi hermana y yo trasteábamos dentro. Apilábamos varias cajas a modo de mostrador y vendíamos todo lo que se terciaba: botones, jabones, hilo de todos los colores, velos ¡y hasta fajas! Quién sabe si aquel fue el principio de Una Caja de Botones ¿quién sabe? Sólo se que aquello que creí cerrado y prácticamente olvidado, volvió a mi mente al dar la vuelta a la esquina. Mi yaya partía almendras sentada en aquella silla, mientras nosotras desordenábamos los sobres kraft que hoy tan de moda están, y que a mi me parecían los sobres más viejos del mundo…

Casi se me escapó una lágrima al volver al lugar donde fui tan feliz, pero que en realidad ya no se parecía al que yo tenía guardado en mi mente. El bloque de viviendas era enano, el portal minúsculo y la puerta de aquella cochera era más pequeña de lo que antaño fue ¿Qué ha pasado? ¿Ha encogido? No, yo he crecido, pero mis recuerdos están intactos. Entonces, y ante un momento personal y profesional lleno de altibajos, mucho trabajo y falta de tiempo, se me ablandó el corazón. Recordé por qué soy como soy, el sonido de mi risa de niña, mi coleta y mi flequillo; el sabor del pan con aceite, sal y pimentón para merendar, las galletas con leche para desayunar y cómo miraba por la ventana de atrás para ver el descampado que hoy ya no existe.

Y entonces sí, llego a la conclusión de que al lugar donde has sido feliz siempre deberías tratar de volver. Porque te recuerda la persona que eras y la que eres ahora, porque te ayuda a comprender que ser feliz depende tan sólo de valorar momentos, porque te saca las sonrisas que creías olvidadas y que la vida te va robando en pequeñas dosis por circunstancias y porque te recuerda que nada hay tan importante como los momentos y las personas. Todo lo demás, por muy gordo que sea, se pasa.

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Que nadie te quite la ilusión ni las ganas

La vida es larga. Tanto, que te da tiempo a ilusionarte y a que te quiten la ilusión por el camino, pero también te da tiempo a recuperarla. Lo más importante es que no desistas jamás, porque entonces sí que no habrá nada que hacer.

Yo que soy periodista, creo, desde que tengo uso de razón (sólo que después me saqué el título en la universidad), siempre he querido trabajar en mil cosas. Más de uno me habrá oído decir en alguna ocasión que en la siguiente vida me pido ser médico o actriz ¡Qué pena que no dure más para poder hacer más cosas a la vez! Eso, querid@s, es ilusión.

Ilusión… ¿qué es la ilusión?

  • Es lo que te hace estar horas y horas de pie con tu mejor sonrisa, pero con los pinrelillos totalmente machacados, para sacar tu negocio adelante.
  • Ilusión es robarle horas al sueño para escribir un post que te posicione, para subir productos a tu web de moda a pesar de estar totalmente muert@.
  • Ilusión es estudiar sin descanso para sacar adelante una oposición, sin tan siquiera saber si habrá un hueco para ti.
  • Ilusión es olvidarse del cansancio, no quejarse, levantarse a horas intempestivas para hacer lo que más te gusta e irte a la cama con una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja

¿Te reconoces en alguna de estas opciones? Entonces ¡Enhorabuena! estás llen@ de ilusión.

Así, querid@s, que no venga nadie a deciros que no podéis o que no sabéis o que os dediquéis a otra cosa ¡Con qué autoridad! Con ninguna, os lo adelanto ya.

Recuerdo como si fuera hoy el día en el que mi padre me llevó a ver un programa de radio en directo. Me acuerdo, incluso, de quién lo presentaba: el gran Luís del Olmo. Era “Protagonistas“. Aluciné, literalmente. Fue magia con voces, como recrear todo un universo a través de la voz. Desde aquel momento, supe que mi camino profesional tendría un micro como instrumento de trabajo. Y así me lo luché hasta que lo conseguí. Trabajé en la radio durante ocho maravillosos años en los que viví de todo y en horarios a cuál más inhumano ¡Pero era tan bonito! La ilusión compensaba el cansancio y, entonces, todo cobraba sentido.

Piensa que la vida tan sólo sería una sucesión de amaneceres y anocheceres sin más, de no ser por la ilusión de algo o de alguien. Piénsalo bien ¿Lo tienes? Pues ve a por ello con todas tus fuerzas ¡Ah! y que nadie te quite la ilusión ni las ganas. Los robailusiones están al acecho en cualquier esquina… no les dejes que se metan en tu vida.

¿Y tú? ¿Cuál es tu ilusión? Compártelas aquí con nosotras. Yo te dejo unas imágenes que me inspiran mucho a la hora de focalizar mis objetivos, incluso los días en los que más loca estoy y menos norte tengo (que son bastantes al año) 😉

Haz lo que amas

Ilusión 1

Ilusión 2

 

Manifiesto Lucía Be

No me des lecciones de estilo

¿Ya te has leído todas las revistas de moda y post de especialistas en estilo sobre los vestidos de la Gala de los Goya? ¿Y qué? ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? ¿Bien? ¿Coincides? ¿Te sientes un@ incomprendid@? Si este último es tu caso, sigue leyendo ¡bienvenid@ al mundo real! Sí, amig@s, no sois vosotros… no soy yo ¡son ellos! ¿¿¿por qué??? Por qué mientras las revistas más “in” nos dicen que Penélope Cruz fue “una de las más elegantes de la noche” tú sólo ves a una mujer embuchada en un vestido con purpurina y pelajos a medio hacer ¡OMG! Algo está fallando aquí y nadie nos ha dicho dónde está la cámara oculta. Sólo coincido en una cosa: el look de Massiel fue un verdadero despropósito y, sí, se parece a Joey de “Friends”.

Massiel Premios Goya Una Caja de Botones

Probablemente con este post me esté cargando mi futura y prometedora carrera como prescriptora de moda en una revista reputadíííísima pero, discúlpenme, y no me den lecciones de estilo ¿se supone que somos nosotras las que tenemos que ir a las tiendas a comprar esos modelitos maravillosos?… pues a mí que no me esperen. O al menos, que no me esperen en esas tiendas en concreto, porque vaya tela… Y no me digan ahora que el “outfit” en cuestión seguro que queda bien en según qué cuerpos, porque no me lo creo. A estas alturas sólo puedo decir que me encantó el look de Cayetana Guillén Cuervo por lo sencillo, y el de Nieves Álvarez por lo sofisticado y elegante (ella siempre da en el clavo).

Cayetana Guillén Una Caja de Botones

Nieves Álvarez Una Caja de Botones

Tuve la gran suerte de ver la Gala de los Premios Goya con amigos, que te da más perspectiva sobre el asunto. No es que quedásemos con la intención de verla, es que quedamos para cenar en casa de una de ellas y tenía la tele encendida, así que el tema salió de forma natural. De repente, surgieron los comentarios. “Uy, vaya pelo lleva Pe”, pausa, abro Facebook y leo el comentario de una amiga social media a la que le encanta la moda, “Penélope Cruz ha despedido este año a su estilista y a su peluquero”. Seguimos… “¿qué le ha pasado a Clara Lago y a su maquillaje?”, “Blanca Suárez va elegante, pero le pasa algo en el pelo”… Pero el tortazo estilístico vino al día siguiente, al abrir tooodas las redes sociales a las que estoy inscrita y darme cuenta de que las más elegantes eran las que menos nos habían gustado ¿sorry? ¿qué está pasando aquí? Ojo, descartando siempre a las peor vestidas. Pero no hay que ser muy listos para saber que “esto”, por llamarlo de alguna manera, es imposible que tenga un pase.

Penélope Cruz Una Caja de Botones

Clara Lago Premios Goya Una Caja de Botones

Blanca Suárez Premios Goya Una Caja de Botones

Las Peor Vestidas Premios Goya Una Caja de Botones

¿Y son estos los que nos tienen que dar lecciones de estilo?. Estamos perdidos. No sé… a estas alturas estoy confusa. A lo mejor es que me falta más alfombra roja y más evento “in”. Tendré que salir más. Pues estamos apañados. No sé ¿cómo se sienten ustedes? ¿Incomprendid@s? ¿Me tengo que replantear mis principios sobre la elegancia? ¿Soy yo? ¿O son los prescriptores? Es que yo veo tantas cosas bonitas por ahí, que después me pregunto si es tan complicado encontrar un modelito decente. Ahora, eso sí, me niego a dar cabezazos de asentimiento “borreguil” para decir que me gusta algo si, en el fondo, me horroriza.

En fin, así son las cosas y así se las hemos contado. Opinen, que es gratis, y de paso me sentiré más apoyada (o no, quién sabe).

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